Para ver el árbol de mi ventana. Para sentir calor, refugio, en casita.
Para tomar estos mates, para respirar.
Pensando en mil proyectos, en tantas personas
sin límite aparente, sin frontera, hasta donde el universo me guíe.
Y acá otro día en el planeta tierra, buscando sentido,
construyendo algo, que valga respirar, amar, dar la mano
ni al amo ni al esclavo
al rebelde, al que escupe el piso ante la orden
que se juega por si y por otre.
Escuchando musiquitas delicadas y graciosas
como pocas. Raras, inéditas, incomprendidas.
Agradecido de sentir flotar, y también pisar
el suelo el pasto, que me de el sol en el rostro.
Y observar el vuelo del aguilucho, con la espalda en la tierra,
con la vista en el cielo.
